Alessandro de Melo
Escribo desde el corazón, pues fue así que conocí a Baladre, hace ya más de siete años. No me acuerdo si primero conocí a Manolo en las Jornadas de Historias de Vida en Educación, en la Universidad de Almería, en 2015, donde estaba con la clásica mesa de libros, y con lo cual me enganché inmediatamente.
O si fue en la Facultad de Ciencias de la Educación de la UMA, donde estudiaba y conocí a varias baladrinas zambreras que exponían y vendían materiales y libros. El hecho fue que allí, en el patio de la UMA, hubo por mi parte una conexión inmediata con aquellas gentes jóvenes y luchadoras, que venían a la universidad con causas muchas veces alienígenas a esta institución generalmente conservadora. Fue así que tuve la oportunidad de frecuentar el curso “Desarrollo Comunitario en Barrios y Pueblos”, con el que aprendí muchísimo, hice amistades y conocí a otras gentes, y pude incluso conocer la renta básica de las iguales y otros instrumentos de lucha popular desarrollados por Baladre. A partir de este encuentro conocí Palma Palmilla, Zambra, e hice un trabajo colectivo en la Radio Onda Color todos los miércoles, en el programa Voces Alternativas, coordinado por el compa Juan Carlos, y que reunía compas baladrinas y de otras organizaciones.
Baladre para mí es sinónimo de Zambra, porque fue con ellas que aprendí sobre el “espíritu” baladrino, que desde entonces forma parte de mi propia vida, sea estando cerca, en Málaga, o del otro lado del Atlántico.
En el período de un año entre 2015 y 2016 realicé un “buceo” en la vida y las actividades baladrinas, dentro de mis posibilidades, ya que estaba comprometido con las tareas universitarias. Una de las que más impacto tuvo en mí vida fue la Caravana de 2015 por el territorio andaluz.
Cuantas manis, concentraciones, cuantos kilómetros de carreteras. Tapas, cervezas, conversaciones, caminadas desde el centro de Málaga hasta Palma Palmilla. RBI’s, ecología, decrecimiento, puntos de información, antimilitarismo, antifascismo, huerto, plataformas, luchas contra desalojos, género y violencia de género, sindicalismo, CGT, CNT, anarquismo, socialismo, comunismo, otras utopías y algunas bromas (como la del “Teletransporte ya!”). Vida, en fin, colectiva, linda, afectuosa, amorosa. Sueños compartidos con gentes luchadoras.
La despedida de Málaga fue un regalo de las compas en Palma Palmilla, momento de gran afecto, de gran amor, una despedida pero no para siempre, solo un hasta luego. Prometí que mi casa sería una extensión del territorio baladrino en Brasil. ¡Y así fue! Recibimos dos caravanas baladrinas en 2016 y 2017, que fueron momentos de gran felicidad, y con las cuales pudimos conectar con nuestro territorio, especialmente con las luchas y luchadoras de la tierra: MST, Movimiento de Pequeños Agricultores – MPA, universidad, gentes que producen semillas “criollas”, o sea, semillas ancestrales; conocimos campamentos, asentamientos, “faxinal” (una forma antigua de compartir territorio y producción), escuelas del MST, escuelas rurales, etc. Las crónicas de los viajes están colgadas en la página web de Baladre.
Pero lo más importante es que la presencia baladrina en América es antigua. La publicación de Viaje al corazón de la bestia, sobre un viaje a los Estados Unidos y Canadá, en 1998, fue uno de los primeros marcos de esta relación. También en la web de Baladre se cuentan crónicas de viajes a América desde 2013. Fueron muchos viajes, lugares, enredos, personas, experiencias, manis, entrevistas, comidas, afectos, libros compartidos, ideas, proyectos, etc.
Baladre es, también, internacionalismo, y sin este elemento difícilmente podemos comprender este gran aporte en enredos con América y Europa. Internacional debe ser la vida, las luchas, las perspectivas, un mundo sin fronteras y las violencias en ellas generadas, sin gentes ilegales, sin muertes causadas por pasar fronteras. Baladre es contrario a la idea de Europa, especialmente contra la política de aislamiento de este territorio con África y otros. Baladre fue, incluso, un mirador a partir del cual me miré a mí mismo y a nuestra situación colonial latinoamericana. Sí, para un hombre blanco y cisgénero fue necesario venir a “Europa” (como decimos acá en Brasil sobre “España”) y conocer la concepción de Raúl Zibechi, en su libro Descolonizar la Rebeldía, publicado por Zambra/Baladre, para que hubiera un proceso de superación de una cierta alienación.
Con este aporte, creo que puedo decir que Baladre forma parte de un futuro que no espera para nacer, sino que ya existe en condiciones posibles. No espera un futuro utópico, sino que lo construye desde ya. No espera, sino que propone la Renta Básica de las Iguales, con gente del tamaño de José Iglesias Fernández y tantas otras, que además incorporan la idea al feminismo. No proyecta, sino que construye espacios de vida y de apoyo mutuo.
Baladre, definitivamente, en sus 40 años, es un mirador desde donde podemos proyectar el futuro.
Los enredos en América, de los cuales pude vivenciar pocos pero intensos, son una forma de construir otro mundo, enredando gentes y experiencias internacionales. Una forma de romper los grilletes nacionales del poder capitalista. La lucha tiene que ser internacional, o no será. Que vengan más a Brasil, a superar la barrera de la lengua.
En 2021, de vuelta a Málaga, para reencontrarme con las baladrinas, convivir, conocer La Caracol, en Palma Palmilla, hicimos una caravana, con el guion de Manolo, por Alicante, con Victor Mapuche, en Xátiva, con Sandra y otras compas del proyecto de Huertos sostenidos por la comunidad, con Vicent (¡y una comida con Lucía Shaw!), y por Valencia, con la compañía de Manolo y Nati (Parke Alcosa) y Torrent (Centro Social Casa La Llavor).
Fueron y son tantas experiencias y vida compartida con Baladre que podemos decir que 40 años no son nada, ¡pero también son mucho!
¡Vida larga, harta, hermosa, afectuosa, luchadora y, claro, internacional, para Baladre! ¡Un honor formar parte, aunque pequeña, de esta historia!