De la comprensión de las opresiones e injusticia social a la acción

Colectivo de jóvenes de la Coma

30 años de experiencias de lucha contra la pobreza, la exclusión y la marginación

Breve explicación de en qué condiciones se habitó el barrio de la Coma

El barrio de La Coma es una zona urbana situada al noroeste de la ciudad de Valencia, pertenece al municipio de Paterna, del que se encuentra a una distancia de 4 km, separado por la CV-30, autovía Liria-Ademuz. La Coma empezó a habitarse en el año 1986, con una dotación de infraestructuras y servicios insuficientes para atender a su nueva población. Esta situación junto a la diversidad de problemáticas con las que aterrizaron sus gentes, hace que en poco tiempo, La Coma se convierta en una bomba de relojería. La existencia de muchas de estas personas se sume en la incomprensión, en poco tiempo la desigualdad social y los medios de comunicación convierten a esta barriada en una de las zonas más conocida y temida por la ciudad de Valencia y poblaciones colindantes.

Hace poco más de 15 años, La Coma era una isla rodeada de secano, pinos y monte bajo. En la actualidad, a un ritmo vertiginoso se ha ido construyendo en sus alrededores diferentes tipos de adosados, fincas verticales y residenciales con servicios de ocio de uso privado, todos ellos, separados entre sí por muros y vallas. Todo lo que se ha construido se ha hecho sin pensar en una posible convivencia vecinal. Nada que sorprenda a estas alturas, porque dado el estilo de vida actual, cada vez más, se impone el aislamiento como una forma de concebir la habitabilidad y por ende las relaciones humanas, la vida.

En aquel momento el perfil sociológico del barrio quedó plasmado de esta manera: 90% de población joven menor de 30 años, 80% de paro, 20% de personas paradas de larga duración, alto porcentaje de personas en prisión, 60% de población de etnia gitana, etc.

Luchas que emergen

La asociación Colectivo de Jóvenes de La Coma, nace allá por los años 90. Su fundación responde a diversos factores: las precarias condiciones de habitabilidad del barrio, el empobrecimiento de sus gentes y a la llegada de personas de diferentes luchas sociales derivadas de los años 60. Estas últimas, ayudaron al barrio a debatir, a impulsar y promover la denuncia y la reivindicación, como respuesta hacia la grave vulneración de los derechos humanos que se estaba cometiendo sobre esta población, en donde era casi imposible una existencia digna.

Muchas de estas gentes militantes llegaron al barrio con un bagaje y una cultura organizativa desarrollada anteriormente en sindicatos y organizaciones políticas; buscando continuar con su activismo político, durante y después de la transición: marxistas, anarquistas, antimilitaristas y cristianos y cristianas de base. Muchas de estas entidades aun teniendo un claro componente ideológico se iban desvinculando de los nuevos núcleos y marcos del poder, de algunos partidos políticos y grandes sindicatos; los cuales, empezaban a vender el estado de bienestar y el progreso, negando que la marginación, la exclusión y la pobreza fuesen un conflicto social de calado y estructural. A lo largo y ancho del estado español este tipo de barrios se replican: Barcelona, Sevilla, Valencia, Madrid, así mismo, las asociaciones y entidades que luchan por dignificar la existencia de sus gentes.

Cuando recuerdo tantas luchas, siempre me viene a la mente el libro que escribió JacK London: “Las gentes en el abismo”. Esta novela nos cuenta cómo la ciudad devora y exprime a sus habitantes, expulsándolos después. ¡Qué difícil es dar voz a las que lo tienen todo en su contra! ¡Y cuántos recursos invierte el sistema en acallarlas!. En este contexto el barrio vio nacer a: la asociación de vecinos y vecinas, la asamblea de parados/as, el colectivo de Jóvenes de la Coma, las Mares “fadrines” de la Coma, el grupo de cristianos de base. Desde aquí un bonito recuerdo hacia las gentes del Parque Alcosa, las Madres contra la droga de Madrid, las iniciativas de Entrevías, el Bessos, la Coordinadora de Colectivos de Valencia de l’horta, Baladre, etc.

De la comprensión analítica del Capitalismo, a la denuncia activa y la creación de espacios de relación reales

Sin intención de ser demasiados exactos… A lo largo de la historia, la lucha por los derechos humanos, se va dando conforme se sucede la brutalidad de las guerras y sus consecuencias. Para no irnos demasiado atrás en el tiempo, fue en el marco posterior a la segunda guerra mundial y sus devastadoras consecuencias cuando se crea la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” para garantizar una vida digna: con libertad de organización, movimiento, opinión, entre otros. En la Constitución del estado español, huelga recordar que existen artículos que promulgan determinados derechos civiles: libertad de pensamiento y religión, movilidad, salud, educación empleo, vivienda, etc. Aunque, bien es cierto que “hecha la ley, hecha la trampa”… Pero bueno… apadrinemos este artefacto cultural y social, llamado “Derechos Humanos”, derechos de la Ciudadanía. Quizás sea demasiado obvio, a estas alturas, acogerse a los derechos, pero siempre será mejor que acogerse a las derechas. Y más aún, cuando la estrategia del sistema de atención público hace cada día más fuerte la idea de la ciudadanía, como clientes, usuarios y usuarias de ayudas, subjetivándolas sin considerarlas personas dignas de decisión, solución, participación y creación.

Se hace necesario recordar que en estos momentos asistimos a varios conflictos bélicos, entre los que se encuentran el conflicto Ruso-Ucraniano, Israel y Palestina y al mismo tiempo, asistimos a una emergencia climática sin precedentes, por un lado, y por otro, se va despojando a las comunidades del derecho de una alimentación saludable, a un entorno social y medioambiental seguro; por contra, se devalúan miles de vidas, y lo que reina por encima de todo son los intereses económicos.

Volviendo al origen del Colectivo

Por aquellas fechas, la asociación era activa y estaba cargada de energía, veíamos con nitidez cómo el sistema generaba bolsas de exclusión, pobreza y marginación. Era patriarcal y policial en sus respuestas. Nos vinculábamos desde diversas luchas: feministas, antimilitaristas, anti las políticas económicas de Maastricht, por la ocupación, etc. Pensábamos que globalizando las luchas llegaríamos tarde o temprano a buen puerto; se promovería la participación de la ciudadanía, se incentivaría la participación activa de las personas afectadas, etc. En el ambiente se respiraba optimismo. Como hemos podido comprobar la exclusión y la desigualdad social continúan en nuestros territorios, ha ido en aumento, siendo la infancia uno de los sectores más vulnerables y castigado por las diversas “crisis” o reajustes del sistema capitalista por las que estamos cruzando.

El capitalismo ha demostrado sobrada capacidad para desmovilizar y capitalizar las luchas, a través de la judicialización, voluntariado y profesionalización de determinados sectores. El panorama ha cambiado dentro de los grupos y colectivos, algo fragmentados estamos, cada cual con sus movidas, aunque parece ser que las luchas necesitan su tiempo para adaptarse a las nuevas realidades. Es claro que hay muchas entidades realizando iniciativas en sus territorios, incluida nuestra asociación.

Auténtica vida perruna

Hay que decir que muchas de las personas que vivían por aquel entonces en este barrio, tuvieron una auténtica y verdadera vida perruna, incluyéndonos entre estas. No se trata, de adoptar un actitud victimista a estas alturas de la partida, se trata de recordar, se trata de reivindicar la memoria histórica y social de estos barrios. Fueron muchas las dificultades que se sufrieron (desgraciadamente aún se sufren) intentando sobrevivir en el seno de este gueto u otros similares. Comenzaría por rememorar a las mujeres, esas para las que siempre fue doblemente pesada la existencia, tantas madres que han enterrando a sus hijos e hijas, a consecuencia de la prisión, del VIH, de las drogas y la adulteración, de infinidad de accidentes mortales sin la atención de urgencia necesaria, de las agresiones… Familias que transitaban atónitas por escenarios inimaginables, sin llegar a entender del todo, nada de lo que estaba sucediendo. Jóvenes que cumplieron largas condenas en penales que lejos de “reinsertalos”, destrozaron sus vidas, no quiero anotar sus nombres, por no entrar en terrenos delicados, pero con mucho cariño confeccionaría una larga lista… Pobre infancia, pobre juventud… No podemos olvidar a una gran parte del pueblo gitano, como uno de los sectores doblemente azotados, muy acostumbrado a lo largo de la historia a vivir situaciones de exclusión y pobreza cronificada en estos contextos urbanos.

Si eres pobre apadrina a un profesional

Las familias, infancia y juventud fueron abandonadas impúdicamente; abandonadas, culpabilizadas y sacrificadas. El sacrificio que el gran dios Capitalismo exigía en aquel momento: excedentes laborales, éxodo de la capital a las periferias por motivos especulativos, exterminio de la cultura de las minorías étnicas, precariedad global a causa del género, la edad, la procedencia, la cultura, etc. Mientras que, gran parte de esta población sufría en sus carnes las consecuencias de la exclusión y abandono; en el barrio no había manera institucional y política de dar solución a dicha situación, por ser en esencia compleja y estructural. Y por qué no decirlo, por ser la otra cara del modelo neoliberalista, su consecuencia. Según pasaba el tiempo, el cómo meterle mano al pastel, se convirtió en una plataforma de promoción política, se desmovilizó al barrio mediante presión psicológica y clientelismo. En elecciones era el barrio más visitado por los políticos. Y así, poco a poco, se fue dificultando la capacidad reivindicativa de un barrio, que un día tuvo bastante respuesta organizativa: ocupaciones de viviendas vacías para familias sin techo, huelgas de hambre, cortes de carretera con una vecindad volcada y solidaria, asambleas en escuelas y calles, información (boletines y fanzines), fallas alternativas, iniciativas de autoempleo… Desde las instituciones y sus profesionales se intentó hacer creer al tejido social existente en aquel momento, que era mejor dejar de protestar y plegarse a los planes institucionales: comisiones mixtas, subvenciones y planes integrales de actuación, muy de moda por aquellos años… Se desmovilizó a una gran parte de la comunidad y su tejido social. Por parte del poder institucional se utilizaron medios de distinto tipo, dependiendo del interlocutor a intervenir: subvenciones, represión policial, desaprobación permanente de la crítica.

Actualmente, en el barrio de la Coma ha habido 4 muertes, todas relacionadas con las consecuencias del empobrecimiento, la exclusión y la cosificación de los afectados y afectadas. En el barrio flota un aire enrarecido, crispado. Lo pueblan verdaderos y verdaderas supervivientes, sin creer ya demasiado en nada. Con tanta subvención y profesional en danza el barrio está peor que nunca. Después de la COVID, tanto el Ayuntamiento de nuestro pueblo como los servicios sociales se han atrincherado detrás de las mamparas, de la policía y citas previas. Bienvenida a las políticas sociales europeas, con sus fondos Next Generation.

Una vez hecha por nuestra parte memoria histórica y, módica justicia divulgativa, sigamos contando cómo se fue combinando la denuncia (cada vez más complicada por las diferentes y progresivas leyes: Corcuera, Mordaza) y la creación de espacios que reunieran la capacidad de aglutinar y dar respuesta a necesidades tales como: formación, economía, pertenencia, experimentación, identidad, salud, afecto, cultura…

La Coma que queremos, la sociedad que deseamos y el planeta que queremos habitar

Es conveniente describir que a la hora de crear espacios y proyectos “reales”, nuestra entidad fue consciente de la necesidad de ir adquiriendo formación de diversas maneras. De forma progresiva fuimos organizando formaciones, domingos rojos, visitando proyectos y experiencias, realizando jornadas de debate frente a la prisión, en Granja Julia, también acogimos jornadas de debate y reflexión ofrecidas por colectivos de compas en nuestros espacios, ocupaciones al INEM desde Baladre, marchas contra el paro a Madrid y a Córdoba, jornadas de lucha social de la calle, realizadas en Valencia, nos encerramos con jueces de menores, participamos en formaciones de Renta Básica… Nuestros objetivos perseguían, por un lado, entender de manera global los mecanismos que conducen hacía la exclusión y sus múltiples consecuencias, y por otro, saberes que nos pudieran ubicar en el territorio a nivel colectivo e individual y en cómo cubrir determinadas necesidades cotidianas de las personas que giraban alrededor de nuestros espacios, del mismo barrio y fuera de él.

Col.lectiu de Joves de la Coma cumple 30 años

Ha llovido mucho desde el comienzo de nuestra andadura, luchando contra corriente, en un escenario donde las izquierdas institucionalizadas se tragaran el rollo del estado de bienestar, etiquetándonos como a personas utópicas e ingenuas, en el mejor de los casos, o como a radicales, en el peor, girando la cara hacia otro lado, mientras permitían que nos encarcelaran por valores no bélicos o nos encerraran en los calabozos por pelear en las calles.

Desde entonces, hasta el día de hoy, miremos a ver si por algún lado nos encontramos con ese proclamado estado de bienestar; no será durante la COVID, momento en el que fueron abandonadas miles de personas mayores en las residencias de ancianos y ancianas, tampoco será después de doblar la esquina de la emergencia climática y la problemática medioambiental, ni lo encontraremos al bajar las escaleras del colonialismo digital, a ver si por alguna de aquellas, nos lo encontramos de morros. Bien nos estaría comenzar a mirar desde otra perspectiva y cuando hablamos de igualdad, en realidad, plantearnos ¿A qué y a quiénes queremos ser iguales? ¿Cuál es su estado de bienestar? ¿Luchar por que nos dejen subir un peldaño o por cambiar la desigualdad social de raíz?

De lo global a lo local y viceversa

Espacios reales de relación y cuidados en el territorio

Desde entonces hasta hoy seguimos luchando, manteniendo una capacidad crítica con talante transformador. El actual modelo de desarrollo nos quiere ver calladitas y quietecitas; dependientes en todos los sentidos, tanto a la hora de satisfacer nuestras necesidades, como a la hora de reivindicarlas. Es urgente denunciar el modelo cliente/usuario y clienta/usuaria que están generando los servicios públicos, en concreto en lo que se refiere, a la atención social. Una verdadera democracia no puede cambiar derechos por asistencialismo, con el término usuario y usuaria, están minando el concepto de derechos de la ciudadanía. Por todo esto y mucho más, seguimos apostando por la autogestión, la capacidad crítica y reivindicativa, el apoyo mutuo y la creación de espacios reales de relación horizontal y solidaria.

Desde hace ya algún tiempo, nuestro grupo se ha ido conformando en la asunción de la actividad militante como una cuestión de fondo. Las iniciativas deben poner sobre la mesa la idoneidad de las relaciones humanas en espacios reales, lugares comunes, generando dinámicas de encuentro e intercambio, de cuidados. De lo global a lo local, de lo utópico a lo cotidiano y viceversa.

Además de darle a la bola, proporciona mucho anclaje la creación de espacios de encuentro en nuestros territorios, ubicar las luchas, dotarlas de cotidianidad.

Una vez enfrascadas en las relaciones e interrelaciones personales, la labor más importante no se trata de encontrar únicamente respuestas, si no más bien de plantear lo mejor posible nuestras dudas y límites y a partir de estas crear. Por nuestros espacios transitamos junto a intersecciones de vida muy variadas, es un objetivo primordial hacer de nuestros espacios lugares conscientes, seguros, acogedores, con diversidad y diversidades, donde los cuidados y el apoyo mutuo, hoy más que nunca, sea una cuestión revolucionaria.

En estos momentos, las técnicas de desmovilización más potentes realizadas desde el poder económico y mediático, siguen desarrollándose mediante el control social a través del miedo, del rótulo del escape individual como única salida, de la construcción de ser social como algo amenazante. Asistimos a la perenne colonización por parte del mercado de las relaciones humanas, las emociones y las necesidades más íntimas.

Proyectos e iniciativas de la asociación

En nuestra entidad siempre ha sido una cuestión peliaguda el cómo gestionar las ayudas y convenios institucionales que recibimos, con el objetivo de que tengan un uso lo más emancipador posible. Las subvenciones son un derecho, pero también nos atan. En nuestra entidad desde siempre, desde que comenzamos a recibir recursos propios o del Estado a modo de subvenciones, hemos utilizado una gran parte de estos para cubrir las necesidades materiales de los proyectos, de forma que los espacios pudieran permanecer y ser utilizados por el mayor número de personas y colectivos posibles, a este concepto le hemos llamado reinversión.

Hay que decir que no es nada fácil no sucumbir a la gestión de las subvenciones, a la dependencia que generan, a la burocratización, a sus encorsetadas bases, etc. Con el tiempo hemos conseguido liberalizar algunos espacios para que no dependan directamente de las subvenciones. Otros recursos como el Centro de día para jóvenes (descrito más adelante) depende de un convenio con la ahora “Consellería de Servicios Sociales, Igualdad y Vivienda”, antes “Conselleria de Igualdad y políticas inclusivas”.

En alguna experiencia, en alguna lectura, en algunos debates, nuestra entidad entendió la necesidad de una mirada holística hacia nuestras necesidades, como reza el refrán: “No solo de pan viven las personas”, soñábamos con que los espacios pudieran cubrir diferentes e interconectadas necesidades: cultura (raíz), alimentación, militancia, pertenencia, etc. Y así se han ido confeccionando las siguientes iniciativas que a día de hoy están en marcha.

Proyectos e iniciativas de la asociación

Granja Julia

Este espacio surge de manera procesual, poco a poco, como un devenir, como una devolución de nuestra búsqueda, de nuestras identidades, de nuestros esfuerzos, del territorio. El nombre que toma el espacio es amado (en otra ocasión contaremos esta historia), forma parte de nuestro ADN, corre por nuestras venas. La huerta valenciana fue el entorno que nuestra asociación escogió hace más de 20 años para sacar del barrio a un buen puñado de criaturas pequeñas y adolescentes y ponerlas a mirar hacia un lugar distinto, que complementara, no sé cómo decirlo, o aliviara la difícil realidad de la condición social desde donde les tocaba existir. A esta acción la llamamos: “Romper el aislamiento”. Conseguimos una pequeña zona de huerta y una antigua granja medio en ruinas y no solo conseguimos llevar a un buen puñado de criaturas, también conseguimos que colectivos y personas hermanas echasen una mano en esta aventura. Se realizaron domingo rojos de trabajo: compas de Ca Revota, de las Mares fadrines de la Coma, jóvenes del barrio, asociaciones y personas amigas, maestras de la Coma, una preciosa diversidad con toda su energía dirigida hacia el apoyo mutuo que demandábamos,iniciando un relato emancipador y que nos dotara de herramientas y de voz. Al principio queríamos crear una granja de huevos y conejos ecológico. La tierra da tantas vueltas, que hace ya mucho tiempo se descartó esa idea y nos volcamos hacia la agricultura ecológica y la recuperación de zona agrícola en pleno abandono.

Cuando llegamos nos encontramos con algunas personas del entorno agrícola, “Manolo el gallo”y su Aca, el cual, ya no se encuentra entre las personas que chafamos la tierra. Con Manolo, nuestras criaturas montando en su carro se ahorraban un buen trecho desde el principio del pueblo hasta la Granja. Un montón de jóvenes gitanos y payos recorrían y recorren este trayecto desde entonces hasta hoy. Nuevas generaciones, ya sin Manolo, pero con un camino.

Espacios con anclaje en el territorio. La tierra nos devuelve con creces el esfuerzo y la dedicación

Este espacio, La Granja “Julia”, es sede de diferentes iniciativas. Por un lado el espacio es utilizado a diario por el Centro de día Julia un espacio de formación y acompañamiento para adolescentes, recurso financiado por la Conselleria para la atención de jóvenes en situación de riesgo de exclusión. La escuela de Cerámica imparte sus clases tres días a la semana por la tarde a personas de diferente procedencia. Se realizan encuentros culturales, música, teatro y gastronomía. Se realizan de vez en cuando jornadas de formación reflexión y debate desde una mirada crítica y emancipadora. Se presta de manera puntual para que diferentes grupos realicen sus actividades.
A nivel económico este espacio se sustenta desde: aportación económica y manual de las personas de la asociación, aportaciones de las diferentes iniciativas: cerámica, huertos sociales “Manolo el Gallo”, fiestas y eventos puntuales para recolectar fondos; apoyo mutuo la asociación cuenta con muchas personas dispuestas a echar una mano cuando hace falta. La economía que se mueve en este entorno revierte en el mantenimiento y mejora de los espacios.

Multiverso

El Multiverso nace hace alrededor de 10 años, tras la experiencia de “los huertos sociales” . Es un espacio de 4 hanegadas situado a 200 m de La Granja Julia, en donde se conserva, se estudia, se ofrece formación y se intenta hacer sostenible el medio agrícola, mediante la introducción de técnicas de cultivo respetuoso con el suelo. Este espacio está dividido en parcelas de 2 m X 4 m con un pasillo central (sistema Mallorquín), rodeadas por plantas aromáticas, ornamentales y medicinales. Bancales diseñados de tal manera que apenas se necesita herramientas para su trabajo, devolviendo la vida a la tierra. Cuenta con zonas de compostaje y aprovechamiento de los residuos orgánicos. Un biotopo de 40m ajardinado, se utiliza para conservar la fauna autóctona y aves migratorias. Un lugar de gran belleza. Pero es mucho más que eso, su razón de ser, sus sueños no se pueden cuantificar únicamente en metros y tipo de cultivos, es una lucha que centra sus esfuerzos en crear modelos de gestión agrícola hacia la soberanía alimentaria, poniendo sobre la mesa la reivindicación del derecho que tiene la ciudadanía a alimentarse con productos saludables, de kilómetro “0”, incluso cultivados por las mismas personas. Del derecho a no ser envenenadas por la industria alimentaria que lo único que contempla son los beneficios a costa de la degradación del medioambiente, y por consiguiente, de la ciudadanía. La huerta es un recurso cargado de alimentos y de futuro. Por ella han pasado jóvenes del barrio de la Coma y Paterna, realizando prácticas prelaborales. Algunas personas amigas, han cultivado una pequeña parcela con el asesoramiento de las responsables del espacio.

Para concluir esta breve descripción añadiría una característica que comparte con el resto de iniciativas de la asociación, de alguna manera, al igual que las otras, surge de un devenir, de una devolución, de los sueños y de los esfuerzos, del buen rollo y de los agobios. Antes que esta iniciativa viera la luz, mucho antes de que conociéramos de qué nutrientes se alimenta una lechuga, se empezó a tomar consciencia de la importancia de crear cosas con nuestras cabezas, pero también con las manos, y que la alimentación “real” es un derecho, y de que si alguien se tiene que “ganar la vida” es porque algún estamento pueda decidir, que algún día, la “tengamos que perder”.

Centro de día de inserción sociolaboral Julia

Es un espacio gestionado por el Colectivo de Jóvenes. Este recurso es una propuesta dirigida hacia adolescentes que rulan por los barrios un tanto ociosos y ociosas, y para otros y otras, que no funcionan en sus últimos años de educación obligatoria. Esto último se gestiona a través de un convenio con los IES de “aula compartida”. Su enfoque está basado en el acompañamiento y la formación “laboral” a través del vínculo y la experiencia. El recurso se financia mediante un convenio de la “Conselleria de igualdad y políticas inclusivas”. La asociación complementa la financiación aportando los almuerzos y una “beca” de 40 € semanales por joven y por asistencia, con el fin de que puedan pillar algo de pela para sus cosas. Dicha aportación surge desde la implicación de la asociación y algunas de las personas trabajadoras del recurso. La asociación ya compartía sus espacios con las criaturas de manera natural y altruista, al surgir la posibilidad de gestionar un centro de día, desde el principio, se debatió la necesidad de compartir con la juventud algunos de los recursos que posibilitaba dicho convenio, intentando con ello, que no solo sea una “escuela” donde solamente pillen pasta las profesionales del equipo educativo, teniendo en cuenta que estos y estas jóvenes proceden de familias muy humildes. Para que se entienda el planteamiento la asociación hace un esfuerzo por concienciar a la plantilla profesional a la que nos obliga a tener la Conselleria.

Un día en la Granja

La Granja es la forma familiar como los y las jóvenes y sus familias llaman al recurso del “Centro de día Julia”.

Realizan diversos talleres de lunes a viernes de 9:00h a 13:00h. De 13:00h a 15:00h se ofrece atención más personalizada a ellos y ellas y sus familias. Aunque, realmente nosotros y nosotras y el espacio está abierto a todas horas. Dos veces en el curso “lectivo” se realizan salidas de convivencia de varios días. Entre los talleres que realizan se encuentran: Agricultura ecológica, cocina y nutrición, cerámica y artesanía, dinámicas de desarrollo y crecimiento personal, formación para monitores y monitoras de tiempo libre. La limpieza de las instalaciones y los almuerzos se realizan de manera colectiva. La asamblea se realiza los viernes, a veces se realiza alguna extraordinaria si lo exige la ocasión. Fuera del calendario básico se realizan: visitas escolares, salidas a mercados para vender los productos que se elaboran en cerámica y agricultura; se participa en eventos que promueve la asociación, así como otras amigas. Los pequeños fondos económicos que se generan se dividen entre los y las jóvenes, los gastos de material y la asociación. En la asamblea se decide en qué emplearlos.

La pedagogía de nuestra “Escuela de vida” se nutre de las ideas, valores y prácticas de la asociación; pongamos algún ejemplo: las personas jóvenes que asisten al recurso, trabajan y crean en una parcela del Multiverso; conocen como se crearon las iniciativas, y en algunos casos, personas de su comunidad participaron en alguna etapa de su desarrollo.

La pedagogía que se utiliza en el espacio se nutre de las corrientes educativas cercanas a las escuelas “libres”, basada en la escucha activa y el no juicio. La metodología utilizada es participativa y asamblearía, sienta sus bases en las relaciones interpersonales desde donde se abordan las necesidades individuales y colectivas de manera crítica. Con estas herramientas se trata de acompañar a la juventud en su camino hacia la adultez, versus, autonomía. Actualmente, en los sistemas educativos convencionales se centra la atención en la formación para las necesidades productivas del sistema, existe una confusión, posiblemente intencionada, entre educar entendida como acompañamiento y la formación técnica. Debido a múltiples realidades de muchos de estos adolescentes no pueden culminar con “éxito” la enseñanza reglada, como resultado, acaban por interiorizar una sensación de fracaso individual.

El mensaje que llega a infancia y juventud es el de concebir la formación como la llave hacia una participación pasiva en un modelo de sociedad basado en la producción, en donde si no formas parte, lo tendrás muy complicado para subsistir. No es que el hecho de fracasar en la escuela determine una vida de desgracias, es cierto que las personas tenemos mucha capacidad de resiliencia, no obstante, en muchos casos, al pasar de esta manera por el sistema educativo genera consecuencias muy perjudiciales, entre las más hirientes se encuentra: sentimiento de fracaso, bloqueos emocionales y de aprendizaje. Es fácil escuchar como dicen: no sé nada de matemáticas, soy bastante torpe, yo no sirvo para estudiar, etc. Como resultado, se instalan en un rechazo frontal hacia la institución y sus representantes, incluso con muestras de agresividad, en su foro interno es una manera de proteger mínimamente su integridad. Son muchos los jóvenes que se encuentran en esta situación, no son casos aislados, por lo que ante esta realidad la educación pública debería estar obligada a cambiar el chip, de lo contrario, se está cometiendo “Maltrato institucional” culpabilizando y judicializando de forma individual su paso por la educación. Hay que matizar que esto no es una crítica hacia muchas de las profesionales de la educación, las que la mayoría de las veces carecen de recursos para atender a estas personas, por lo que nuestra crítica se dirige al conflicto estructural.

Por tanto, este recurso es un espacio creado como un guante para ellas. El cual, desde su creación parte de una reflexión colectiva de la realidad que viven las criaturas de las zonas en donde la injusticia social campa a sus anchas. En este centro no comulgamos con la idea socialmente extendida de la reinserción, ni la reeducación porque en el fondo alimenta la culpabilización de este sector juvenil y evade toda responsabilidad institucional. No son inadaptados, se han adaptado a la realidad social que les ha tocado vivir. Es perverso ver cómo desde las instituciones y leyes se habla de la vulnerabilidad de la infancia y la adolescencia y cuando padecen estas situaciones, con las consecuencias que conllevan cuando crezcan en años hasta llegar a la edad considerada adulta se les hará pagar muy caro. Como conclusión, para concluir esta pequeña muestra, bien le estaría a la sociedad en su conjunto, a sus representantes e instituciones, observar como quizás, las industrias que diseñan, fabrican y venden: armas, pesticidas, tecnología altamente contaminante, gestionan fondos buitre, etc; casi el 99% de estas almas no están, ni estaban, dando patadas a las latas en los barrios, ni vendiendo ajos sin licencia, ni trapicheando con 10€ de marihuana, si no que son parte de un sector con una alta cualificación técnica al servicio de “Don dinero”. Mira tú, si hace falta “la buena educación”.

Proyecto Comedor Social. Kilometro “0”

El siguiente proyecto se construye en concordancia con las ideas, experiencias y luchas de la asociación. Ya desde el Multiverso se está mandando un mensaje claro sobre la necesidad de que los pueblos junto a la ciudadanía camine hacia la soberanía alimentaria, o cuanto menos, a unas cuotas aceptables de producción respetuosa con el medioambiente, local y sostenible. “La tierra nos provee de alimentos, la tierra nos cuida”. Esto puede parecer un eslogan simplista, pero a la vista está de que por los caminos convencionales la situación a nivel global no ofrece alternativas para una alimentación saludable nada más que para una reducida parte de la sociedad. La unión de la producción agrícola ecológica y la elaboración de sus productos es la unión de las iniciativas hacia la dirección que indicamos unas lineas más hacia arriba, ofrecer a las gentes una propuesta real de participación y de empoderamiento en algo tan fundamental como lo es la alimentación.

De la huerta a la Cocina de la cocina a la mesa

Inauguración del nuevo Obrador de cocina social

La asociación acaba de terminar una de las partes más importantes de la construcción del nuevo obrador de la cocina social. Tras finalizar la “crisis” de la COVID, la asociación consiguió una subvención de la “Vicepresidència d’igualtat i polítiques inclusives” destinada a la mejora del espacio gestionado por el centro de día. Han sido muchos los años destinados por el Colectivo hacia la consecución de financiación para la mejora de los espacios, por regla general hemos sido nosotras mismas las que hemos rehabilitado diferentes espacios con nuestras propias manos y financiación, incluido una buena parte de esta nueva obra. De hecho, esta es la primera vez en 30 años que hemos conseguido una ayuda de la administración pública para este fin. La reforma se complicó tras la guerra de Rusia y Ucrania, y la posterior subida de las energías, con lo que el presupuesto inicial aprobado se disparó en un 20%, razón por la cual nos tocó asumir una buena parte del trabajo que la empresa de construcción contratada no podía realizar por falta de presupuesto. Nuevamente tiramos de colegas, alguna peña de la bioconstrucción del pueblo rehabilitado de Orba, y por último, las gentes de Baladre nos facilitaron los contactos con la “Coop 57” sin la que no hubiésemos conseguido el adelanto necesario para poner en marcha la nueva obra. Tenemos que agradecer también a las más de 40 personas que se implicaron avalando solidariamente; uno de los pocos requisitos que nos pidió la “Coop 57” para concedernos el adelanto. Hay que decir que, con anterioridad a la Coop, ninguna entidad bancaria, ni con la aprobación de la subvención en mano quiso financiarnos. En estos momentos estamos en la fase de conseguir la infraestructura para instalar la cocina del obrador, para este fin, seguiremos necesitando de viejos y nuevos apoyos.

El proyecto de “Comedor social” cuenta con la producción agrícola del Multiverso y de las iniciativas amigas que se puedan sumar, como por ejemplo: los huertos sociales “Manolo El Gallo”. Uno de los objetivos es el de ofrecer elaboraciones con alta capacidad nutricional, organoléptica y popular. Este proyecto se nutrirá de la fuerza de trabajo y entusiasmo de un buen numero de personas cercanas a la asociación. Se elaborarán distintas propuestas de trasformación de los alimentos, contaremos con un equipo altruista compuesto por personas agricultoras, nutricionistas y cocineros y cocineras. Por otro lado, participarán los y las jóvenes del Centro de día, posibilitando para ellas una formación laboral de autoempleo.

Huertos Sociales “Manolo el Gallo”

Defendiendo el paisaje y el paisanaje por un ambien-entero

Allá por el año 2009, el Colectivo de Jóvenes, después de haber podido colectivizar algunos recursos económicos, adquiere una pequeña parcela de apenas 2 hanegadas (1.000 m²). Como con casi todas las instalaciones con las que se cuenta, tuvimos que hacer una gran labor para adaptarla hacia donde se estaba proyectando.

Esta iniciativa, como casi todas las demás, fue tomando forma poco a poco,compartiendo eso sí, la visión holística de interconexión entre los proyectos. Comenzó con el objetivo de ir recuperando espacio agrícola para su desarrollo. Sus primeros pasos comenzaron siendo un espacio colectivo de formación y aprendizajes sobre agricultura ecológica para algunas personas de la asociación, y otras, que se iban acercando por nuestros espacios muy interesadas en este ámbito en particular. Se realizaron cursos de formación durante varios años, con una gran participación. Se tejieron lazos y amistades, muy importante resaltar que de esta forma fuimos conectando con personas del entorno agrícola convencional, pequeños y pequeñas agricultoras que hicieron de anfitriones, y que llegado el momento nos hicieron sentir parte del lugar, iniciándose intercambio de experiencias en ambas direcciones; este fue el caso de “Manolo el Gallo”, “Pepe”, “Alfredo”, entre otros y otras. Tras algunos años en esta dirección, el proyecto se concretó en los “Huertos Sociales”. Un espacio de cultivo ecológico asambleario y rotativo, gestionado con planteamientos participativos y horizontales, desde un funcionamiento autónomo al del Colectivo.

En Valencia a 23 de octubre del 2023
Col.lectiu de Joves de la Coma

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